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El Archivo Secreto del Vaticano, disponible en Internet

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By D.I.VALLES - Posted on 13 August 2011

El Archivo Secreto del Vaticano, disponible en Internet

10/08/11 - 08:11

*Fuente: *
http://www.clarin.com/sociedad/descomunal-archivo-Vaticano-disponible-Internet_0_532747007.html
*
*
*El Vaticano inició la digitalización de los más de 80 mil manuscritos y 40
millones de páginas documentales que lo componen. Y que reflejan la vida de
la Iglesia y el acontener del mundo de los últimos 20 siglos. El proceso
finalizará en una década. Más información en Valores
Religiosos
.*

Fuente:

Buena parte de los "secretos" del mundo de los últimos 2.000 años contenidos
en el fascinante Archivo Secreto del Vaticano se encaminan a estar al
alcance de todos. A partir de la decisión de la Santa Sede de facilitar su
consulta, el avance tecnológico lo hará posible. Merced a un arduo proceso
de digitalización que se puso en marcha en el último año y que finalizará en
una década, será posible acceder a través de Internet (www.vatican.va) a los
80 mil manuscritos y 40 millones de páginas documentales que los palacios
vaticanos atesoran en 85 kilómetros de anaqueles. En alta definición se
podrá disfrutar viendo joyas como el Codex Vaticanus – los pergaminos con la
transcripción más antigua de la Biblia completa, que data del siglo IV-; el
pedido de los Lores de Inglaterra para que se anule el primer matrimonio de
Enrique VIII, cuyo rechazo derivó en el cisma anglicano, y un extracto del
célebre proceso a Galileo Galilei. Pero también será una fascinante
posibilidad -escudriñando en los documentos sobre el quehacer de la Iglesia
y el devenir de los pueblos- de conocer y comprender mejor la historia.

Las voces autorizadas de la Santa Sede aseguran que prácticamente todos los
documentos estarán al alcance de las consulta. "En principio, ningún texto
está excluido", aclara a Valores Religiosos el cardenal argentino Jorge
Mejía, ex director de la Biblioteca y el Archivo Secreto. Precisa que "la
única excepción podrían ser los documentos de la Penitenciaría Apostólica,
que se ocupa de casos de conciencia, por obvias razones de discreción y
respeto de las personas". Pero también existe, como en cualquier archivo,
una limitación temporal. O sea, el tiempo que se espera entre los hechos y
el acceso a los documentos para que éstos ya sean efectivamente parte de la
historia. En el caso del Vaticano, la distancia suele rondar los 75 años. Y
la práctica es que se abran por papado. Actualmente, el acceso llega hasta
1939, es decir, hasta el final del pontificado de Pío XI. Con todo, varios
documentos del papado de Pío XII ya se conocen a raíz del reclamo de
sectores de la comunidad judía que consideran que Eugenio Pacelli asumió un
papel débil durante el Holocausto y que vienen mostrando interés en acceder
a información de primera mano.

El patrimonio documental de la Iglesia -que comienza en los tiempos de los
apóstoles para mantener la memoria y la ligazón con su fundador- tiene una
historia llena de sobresaltos, que no pocas veces terminaron en pérdidas
irreparables. Por lo pronto, no hay pruebas directas de la existencia de un
archivo durante sus primeros tres siglos. Con todo, el estudioso Terzo
Natalini dice que la Iglesia de Roma poseía un "archivo-biblioteca", aunque
no quedó casi nada de él a raíz de la ofensiva para acabar con la religión
cristiana que encaró el emperador Diocleciano, quien en el año 303 ordenó
destruir los escritos de la Iglesia. Propiamente, el comienzo de la historia
del patrimonio documental de la Santa Sede podría situarse tras la decisión
de Constantino (313) de convertir al cristianismo en la religión oficial del
imperio. Y con la edificación de la primera basílica y la primera sede del
papado en Letrán, en las afueras de Roma, que incluyó un centro
administrativo, donde fue tomando cuerpo el "archivo-biblioteca". Con el
paso de los siglos, otros sitios también serían utilizados como archivos.

De todas maneras, el grueso del archivo permaneció en Letrán con toda
probabilidad hasta el inicio del siglo XIII. Pero en el medio no faltaron
saqueos (como el famoso de Roma de 1084), las luchas intestinas y las
guerras o su simple deterioro -sobre todo de los papiros- que lo acotaron.
El Papa Inocencio III (1198-1216) fue quien lo trasladó al Vaticano -donde
levantó varias dependencias- y con quien se iniciaron sus registros. No
faltaron traslados parciales del archivo y su mudanza a Aviñón, cuando los
pontífices se establecieron allí desde 1309 hasta su vuelta a Roma en 1377.
Huelga decir que todo esto también afectó el patrimonio documental. En el
siglo siguiente, el Papa Sixto IV (1417-1484) fundó la Biblioteca Vaticana,
destinándose una parte al archivo, si bien varios documentos fueron a parar
al Castel Sant'Angelo. Otro saqueo de Roma, perpetrado en 1527, también lo
afectó mucho. Finalmente, con Paulo V se crearía formalmente el 31 de enero
de 1612 el Archivo Secreto, nombre que refiere a su administración por parte
de los secretarios del Papa y no -como suele creerse- a un criterio de
confidencialidad.

No obstante, una parte del archivo todavía quedaba en Aviñón. Y recién fue
traído en 1783. Pero al comenzar el siglo XIX una nueva calamidad se
abatiría sobre los documentos: su traslado a París, en 1810, junto con
libros y obras de arte de la Santa Sede, por orden de Napoleón, tras invadir
los territorios vaticanos. Por fortuna, el exilio duró poco: con la caída
del imperio napoleónico, los archivos volvieron entre 1815 y 1817. El siglo
XIX cerraría en lo que respecta a los archivos vaticanos con una decisión
más que relevante de León XIII -un Papa que hizo mucho para acercar la
Iglesia al mundo de la cultura-: abrirlos a la consulta de los
investigadores. "Después de su apertura -subraya Terzo Natalini- el Archivo
Secreto Vaticano se transformó en uno de los centros más importantes para
las investigaciones históricas, dando lugar a centenares de libros y
publicaciones". Actualmente, muchos estudiosos lo consultan, sin ser
necesario para ello cumplir con requisitos muy exigentes. Pero la tarea es
muchas veces farragosa y, por ello mismo, termina siendo en ciertos casos
acotada.

Todo ello se simplificará dentro de una década. Y no sólo porque se accederá
a través de Internet. Sino porque, según destaca el cardenal Mejía, la
búsqueda se agilizará gracias a un moderno criterio de clasificación de los
archivos. Por caso, para recorrer el copioso "archivo diplomático" con las
cartas a los soberanos y todo tipo de comunicaciones que revelan el quehacer
político de siglos. Más puntualmente se podrá acceder al "Dictatus Papae",
el documento del siglo XI en el que Gregorio VII establece que "es lícito al
Papa deponer a los emperadores". O a más joyas. Por ejemplo, el Vergilius
Romanus, el manuscrito ilustrado del siglo V con obras de Virgilio. O a La
Historia Secreta de Procopio, que data del siglo VI.

Mejía no descarta, incluso, que durante el minucioso trabajo de
digitalización, al menearse la montaña de documentos, puedan surgir algunos
"secretos", nuevos datos que aporten luz acerca de episodios de la historia.
Una historia que en una década estará a sólo un click.

--
D.I.V.L.

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